EL DERECHO A LA ESCUCHA DE LA NIÑEZ EN LOS PROCESOS DE MEDIACIÓN

GLADYS DALSASO ARAUZ

En pocos días se celebrará en Costa Rica el Día del Niño y la Niña. ¡Qué mejor momento para reflexionar sobre los derechos de “esos locos(as) bajitos (as)” como cariñosamente les llama Serrat!

No sé si les ha pasado pero al hablar de los niños, niñas y adolescentes, es frecuente escuchar que son el futuro, sin percatarnos que esa afirmación está sesgada por el adultocentrismo, que ignora los valiosos aportes a nuestras vidas que nos pueden dar  el día de hoy.

 Si cambiamos la mirada y los vemos como nuestro presente la actitud hacia ellos(as) se transformará radicalmente.   Nos permitirá visibilizarlos en sus entornos, atendiendo  a sus derechos y necesidades, escuchándoles y brindándoles la oportunidad de expresarse en las distintas instancias  familiares, educativas, administrativas, judiciales y sin lugar a dudas en los procesos de Mediación. ¿Cuándo? Hoy.

Desde el mes de setiembre del año 1990 que entró en vigor la Convención de los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 se dio  un profundo cambio de paradigma a nivel internacional. De acuerdo con Observación General Número 12 del Comité de los Derechos del Niño de la ONU,  dicha Convención se sustenta en 4  Principios, a saber: 1.Interés Superior del Niño(a); 2. Derecho a la No discriminación; 3. Derecho a la Vida; 4. Derecho a ser ESCUCHADOS(AS). Haré una somera mención del primero y el último.

¿Qué entendemos por Interés Superior del Niño(a)?

El Interés Superior del Niño(a) como principio rector es “la satisfacción integral de sus derechos” como garantía de que toda decisión que concierna al  niño(a) debe considerar primordialmente sus derechos, no como una simple aspiración sino como la aplicación de normas internacionales que los reconocen. Surge como consecuencia directa del reemplazo de la doctrina de la situación irregular que observaba a los niños(as) como objetos de protección, por la doctrina de la protección integral que sostiene que los  niños(as) son SUJETOS de derecho en pleno desarrollo.

Uno de los grandes avances constituyó en reconocer a los y las Niñas una Autonomía Progresiva,  es decir, visibilizar la capacidad ascendente que todo niño(a) debe de gozar en el ejercicio de sus derechos siendo responsabilidad de los padres impartir dirección a sus hijos y orientación en consonancia con la evolución de sus facultades (CDN art. 5).  Este concepto no está sujeto a una edad cronológica determinada, sino que habrá que verificar en cada caso particular, cuál es el discernimiento del niño, su madurez intelectual, emocional y psicológica, así como capacidad de comprensión.  

Definitivamente es una nueva y esperanzadora mirada de respeto como seres humanos, sujetos de derechos como el de la participación, a tener opinión propia y poder expresarla, a ser escuchados (as) y que sus opiniones sean tomadas en cuenta.

Lo anterior, va unido a la puesta en práctica de acciones personales, familiares, sociales e institucionales para propiciar la transformación  de las relaciones patriarcales de poder, de verticalidad, autoritarismo y adultocentrismo que han perpetuado la violencia en su contra. 

Se les concede derechos y a la vez la responsabilidad a todos los y las actoras sociales de hacer efectivos esos derechos brindando nuestra Escucha atenta y compasiva, de lo contrario son derechos que se quedan en el papel.

 ¿Qué entendemos por Escuchar?

Tonucci (2003) describe con una claridad exquisita los alcances de una verdadera escucha al afirmar que “Escuchar” necesariamente incluye tener necesidad de la contribución del otro.  No basta con estar interesados, motivados o convencidos que es una buena «técnica» para implicar a los niños, niñas y adolescentes, hay que sentir sincera  y urgentemente  su necesidad. Es imprescindible estar conscientes que los y las necesitamos, que son valiosos(as) y que tienen mucho que enseñarnos.

Reconocerles como capaces de darnos sus opiniones, ideas, percepciones y propuestas útiles para nosotros los adultos es tomar conciencia de que realmente son capaces de ayudarnos a resolver nuestros problemas,  elevando la comunicación a una relación correcta con ellos «entre ciudadanos adultos y ciudadanos niños». (Tonucci, 2003, ibid)

Lo anterior suena maravilloso y es una invitación a desaprender y aprender a verlos diferente, a desmontar, cada día  el adultocentrismo  y autoritarismo que tenemos tan arraigados. Conlleva un cambio cultural profundo que comienza con un ejercicio de autoconocimiento y autoanálisis personal de cómo visualizamos a los “ciudadanos niños” y actuamos con ellos.

La Mediación: un espacio de Escucha para la niñez

Los Procesos de Mediación son espacios  ideales para el ejercicio de estos derechos en distintas maneras.  Incorporarles a la mesa de Mediación permite Escuchar sus necesidades en relación con los ámbitos que pueden afectar sus vidas, como los horarios escolares, intereses, hobbies , etc. ampliando además la mirada a sus progenitores con el fin de que tomen en consideración sus opiniones. Asimismo, es un espacio de “enseñanza-aprendizaje” donde modelamos formas distintas de comunicarnos de manera más pacífica y a la vez la persona mediadora tiene la oportunidad de informarles de circunstancias dolorosas en un ambiente seguro, donde puedan expresar sus emociones, sentimientos, preguntas y temores propios e inevitables que surgen de los conflictos entre sus padres y que los afectan directa o indirectamente.

Si eres mediador o mediadora recuerda que la normativa internacional también nos obliga a atender los derechos de la Niñez en estos espacios y si eres padre o madre y estás atendiendo un proceso de Mediación recuerda que tus hijos e hijas tienen el derecho humano fundamental a ser escuchados(as). Descubrirás con asombro cuánto tienen que enseñarnos nuestros Niños, Niñas y Adolescentes y  cuánto podemos aprender si tan solo los ESCUCHAMOS.

“La resolución pacífica de conflictos se constituye como un recurso para garantizar el derecho de niños y niñas y adolescentes a una vida libre de violencia, pues la cooperación sería el enfoque educativo con el que se acompañe su crecimiento en la familia, la escuela y la comunidad”.

Ma. Lourdes Almada Mireles ( 2020)

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