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LA EMPATÍA… ¿EMOCIÓN O HABILIDAD?

Sandra Orozco Montoya

Desde hace varios días vengo reflexionando mucho sobre la palabra “empatía”, parece que por épocas las palabras cobran cierta vida y se vuelven moda, una moda que luego las hace cliché y van perdiendo su riqueza etimológica y su validez. 

La palabra empatía viene del griego emphatés, cuyo significado está compuesto por em=dentro y phatés=sentimiento, algo así como, adentro de un sentimiento. 

En el año 1990 Giacomo Rozzalotti, un neurofisiólogo, descubre que en nuestro cerebro se encuentran las neuronas espejo y que son estas las encargadas de que los seres humanos aprendamos por imitación, son ellas las que tienen un gran porcentaje de responsabilidad en que seamos seres sociales y requiramos vivir en comunidad, sentirnos pertenecientes y además “son las neuronas encargadas de la empatía”, de procesar y almacenar experiencias.

Pero entonces, ¿esta hermosa palabra antigua es una emoción o es una habilidad?  Y la respuesta debe conjugarse pues es ambas; emoción porque se siente y habilidad porque se entrena, así es, se entrena.  Podemos tener la disposición cerebral para la empatía, pero requerimos de entornos y personas que nos guíen en su entrenamiento, es por esta razón que no quisiera permitir que se convierta en una palabra cliché sin entender a profundidad cuán importante es para la construcción de una cultura para la paz.

La habilidad de la empatía debe entrenarse de manera consciente y tal vez al inicio nos haga pasar malos ratos al querer tener resultados inmediatos 

Entender que fuimos dotados cerebralmente para vivir en comunidad y que además tenemos unas neuronas especialistas en esta tarea es fundamental para el presente escrito.

La habilidad de la empatía debe entrenarse de manera consciente y tal vez al inicio nos haga pasar malos ratos al querer tener resultados inmediatos de nuestra parte y en especial de parte de los demás, el cerebro es facilista y buscará siempre la manera de que la responsabilidad sea de otro o de otra y no nuestra, por eso se hace necesario llamar a la “consciencia” es una aliada bastante sincera.

La empatía nos ayuda a entender, aceptar reconocer y darnos cuenta de lo que sienten las demás personas, para poder responder de una forma asertiva, entiendo esta última cómo la posibilidad de poner en palabras mis sentimientos y emociones para expresarlas sin violencia, pero también para poner límites que me permitan cuidar de mi dignidad.  La empatía es la base para el desarrollo de la solidaridad y la confianza.

Cuando la hemos desarrollado como habilidad nos da la oportunidad de anticiparnos y de escuchar las reacciones y los comportamientos de las demás personas, de reconocer lo que necesitan y de poder ofrecer nuestro apoyo y ayuda para su beneficio.

Entender sus dimensiones, cómo está compuesta es el primer paso para iniciar el entrenamiento de esta habilidad; son tres las que la componen. En primer lugar, encontramos la empatía cognitiva, la cual nos ayuda a comprender la perspectiva de otra persona y la herramienta que nos ofrecen para entrenarla es por medio de la “escucha empática”, esa escucha que nos sirve para comprender y no para simplemente responder, como es nuestra costumbre cultural.

En segundo lugar, aparece la empatía emocional, la cual nos permite sentir lo que la otra persona siente y la herramienta que nos ofrece para entrenarla es por medio de la consciencia emocional la cual es una brújula que me permite reconocer como me habitan las emociones y como habitan a los demás, me permite hacer lectura de ellas entendiendo el mensaje oculto que trae cada una y pudiéndolas transitar para no perder la asertividad.

En tercer y último lugar se encuentra el interés empático y es en este punto donde ocurre la magia humana, cuando logro conectar con lo que la otra persona realmente necesita de mí, puedo leer sus necesidades sin juicios, ni reclamaciones, simplemente estando al servicio del otro, de la otra; un interés genuino que me permite reparar daños, responsabilizarme de mis actos y querer construir con el otro con los otros. Por esta razón no quisiera que la empatía se vuelva cliché, quisiera que tomáramos consciencia de la importancia de esta emoción que debe entrenarse, educarse hasta convertirse en una habilidad y así poco a poco tejernos nuevamente como sociedad y aprendiendo una cultura para la paz.

Sandra Orozco Montoya – Fonoaudióloga – Mg Neuropsicología y Educación

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